Opinión: El truco del mago

Se ha producido cierto alboroto en los medios de comunicación internacionales tras el anuncio de Iran de iniciar los estudios para la construcción de su primer submarino nuclear. Sin duda es un tema que conviene explicar bien puesto que sus ramificaciones son mucho más dispersas que lo que la propia acción indica.

En primer lugar hay que tener en cuenta que un proyecto de construcción de un submarino nuclear se prolonga en varias décadas. Sobretodo cuando se trata de un proyecto en el que se utilizan tecnologías pioneras para el país en cuestión. El ejemplo más claro lo tenemos en el último país en disponer de submarinos nucleares; la India. El programa ATV (Advanced Technology Vessel) empezó a idearse en 1974. Los primeros pasos firmes en la materialización del primer submarino nuclear construido por India se dieron en 1985. En los años ’90 se inició la construcción. El prototipo del reactor nuclear que propulsaría al submarino empezó a emitir energía en 2003 y fue declarado operativo en 2006. Finalmente, el INS Arihant, submarino del tipo SSBN (lanzador de misiles balísticos con ojivas nucleares), fue botado en 2009 y desde entonces ha estado realizando pruebas, esperando que ingrese en la Armada India de forma operativa en 2013.

Además, el nivel de recursos tecnológicos y económicos de un proyecto de tales dimensiones sólo está al alcance de verdaderas superpotencias mundiales. Actualmente el club “nuclear” lo componen EEUU, Rusia, Reino Unido, Francia y recientemente China y la India. Brasil será el próximo miembro de este selecto club, puesto que ya ha iniciado la construcción de su primer submarino de propulsión nuclear en colaboración con Francia.

Por tanto, la idea de pensar en la presencia de un submarino nuclear iraní en aguas del golfo pérsico aumentando la tensión entre los EEUU y el país islámico, está bastante lejana de convertirse en realidad. Ni a corto ni a medio plazo.

¿Quiere esto decir que dicho anuncio por parte de Iran se trata de un “farol”? A medias.

Por diferentes motivos y con distintos enfoques, la India y Brasil son el ejemplo más claro que las opciones politico-estratégicas que otorga a una nación disponer de arma como el submarino nuclear compensan los costes en tiempo y sobretodo económicos que requiere dicho esfuerzo. Brasil desea contar con submarinos de ataque (SSN) que le permitan proteger los recursos energéticos bajo sus aguas territoriales.

La India, con dos potencias nucleares, Pakistan y China, bordeando sus fronteras, desea completar lo que se llama la “triada nuclear“: la capacidad de lanzar armas atómicas desde tierra, mar y aire. Ante un hipotético ataque al gigante Indio, el SSBN, debido a que puede ocultar en cualquier parte del océano, le otorga la capacidad de contraataque lo que en sí mismo representa la mayor de la capacidades disuasorias.

¿Porqué Irán no va a desear contar con semejante arma estratégica? Otra cosa es la capacidad de materializar el proyecto o de cuantas décadas llevaría convertirlo en una realidad.

Lo que nos lleva a la conclusión que las declaraciones del Comandante en Jefe de la Armada Iraní, Abbas Zamini, anunciando los estudios preliminares para la construcción de un submarino nuclear, son como el típico truco del mago. Te hace prestar atención en un punto, cuando en realidad “la acción” se produce fuera de las miradas de los espectadores. Un truco que, a corto plazo, le permite a Mahmoud Ahmadinejad complicar “la partida política” que le enfrenta a los líderes de las principales potencias mundiales respecto la producción de uranio.

El porqué es muy sencillo. En principio, el deseo de construir un submarino nuclear de propulsión nuclear es tan legítimo como el de contar con centrales nucleares para la producción de energía. La cuestión es que las plantas nucleares que propulsan un submarino se suelen alimentan de uranio altamente enriquecido (hasta el 96% de U235)… una concentración más que suficiente para armar un bomba nuclear.

Por tanto, Ahmadinejad cuenta con un elemento más de negociación con el que pedir a cambio determinadas concesiones y al mismo tiempo un pretexto para las supuestas actividades de enriquecimiento de uranio que se llevan a cabo en instalaciones iraníes.

… y todo con unas simples declaraciones.

El Lince Analista