La solución al caos: Aprender de la historia

La noticia

El Ministerio de Defensa, mediante decreto sancionado por su Majestad el Rey Juan Carlos I, asumió en la noche del viernes las labores de control del tráfico aéreo comercial ante un conflicto con los trabajadores que se encargan de estas labores que ha llevado al cierre de gran parte del espacio aéreo español. Tras la autorización por parte del presidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero, el vicepresidente primero indicó en una breve comparecencia que el Ejército se encargará de manera indefinida de las labores de los controladores aéreos del gestor de aeropuertos AENA, después de que hasta un 90 por ciento de estos abandonase su puesto alegando enfermedad. (Reuters)

Antecedentes

El 3 de agosto de 1981, el PATCO (Organizacion Nacional de Controladores Aereos de los EEUU) declaró una huelga, en busca de mejores condiciones de trabajo y mejores salarios. De este modo, el sindicato violaba un derecho en el que se prohibían las huelgas de los sindicatos del Gobierno. El presidente Ronald Reagan declaró la huelga del PATCO como “un peligro para la seguridad nacional” y les ordenó volver al trabajo en los términos de la Ley Taft-Hartley de 1947. Sólo 1.300 de los cerca de 13.000 controladores volvieron al trabajo. Posteriormente, Reagan anunció que tenían 48 horas para regresar a sus puestos de trabajo, de lo contrario perderían sus puestos de trabajo. Al mismo tiempo, el secretario de Transporte, Drew Lewis, organizó los reemplazos y comenzaron los planes de contingencia.

El 5 de agosto, ante la negativa de volver a trabajar por parte de los controladores, el presidente Ronald Reagan despidió a los 11.345 controladores de tránsito aéreo en huelga que habían ignorado la orden y se le prohibió la licencia para volver a ejercer como controladores de por vida (esta prohibición fue revocada posteriormente por el Presidente Bill Clinton en 1993).

El análisis

Aunque han pasado casi 30 años de aquel acontecimiento, la situación no dista mucho de aquella. De hecho en aquella ocasión el presidente Reagan ofreció 48 horas a los huelguistas, pero hoy ante el caos generalizado causando por tratarse del puente de la constitución el Ministerio de Defensa ha dado la orden inmediata del regreso a sus puestos de trabajo, buscados casa por casa por parte de la Guardia Civil y la Policía Nacional. Aquellos que han aducido baja por enfermedad se les hará un chequeo inmediato.

Obviamente, entiendo yo que si aducen que su baja laboral es por estrés, significa que no están cualificados para desempeñar dicho trabajo, ya que su sueldo es elevado al conllevar dicha responsabilidad. Por tanto, deberían causar baja definitiva por perdida de las aptitudes que requiere dicho puesto de trabajo.

Con la cantidad de licenciados que se encuentran en el paro, estoy convencido que hay multitud de personal cualificado y deseoso de ejercer dicha profesión. Mientras este nuevo personal se forma convenientemente,  no debería haber problema en asumir la responsabilidad del espacio aéreo entre el personal militar, el personal civil cualificado que desempeñe otras ocupaciones y los controladores que no se hayan sumado a la huelga. También sería lógico, debido a que un controlador militar gana 17 veces menos que uno civil, que los militares recibiesen una paga “extra” mientras ejercieran sus funciones respecto al trafico aéreo civil.

Por tanto, hay veces que 2 y 2, sí suman cuatro. Sólo falta una advertencia final para aquellos controladores civiles en huelga o de baja médica “sospechosa” y no comprobada por personal médico designado por el Gobierno. Los que quieran conservar su puesto de trabajo, reingreso inmediato. Quien no vuelva a su puesto de trabajo por causas injustificadas… despedido e inhabilitación de por vida.

Entre los arrepentidos y el personal civil y militar cualificado, estoy convencido que se podría solventar esta crisis, como ya lo hicieran los Estados Unidos en 1981, cuando el despido de 11.345 controladores no tuvo ninguna consecuencia trágica y sí en cambio fue una gran lección de hasta que punto uno puede aprovecharse de los instrumentos de la democracia como es el derecho a la huelga.

El Lince Analista